domingo, 8 de julio de 2018

La alergia: concepto, causas y clasificación


Todos estamos expuestos a desarrollar una alergia a alguna o a muchas sustancias en cualquier momento de nuestra vida. El hecho de que una alergia no se manifieste durante un determinado periodo de tiempo, no significa que no se vaya a sufrir nunca; en ocasiones se desconoce que se ha padecido una alergia por haber atribuido los síntomas a otras causas.

Alergia, polen y biologia
El polen de determinadas plantas y árboles es uno de los alérgenos estacionales que afectan, fundamentalmente, a las vías respiratorias.

- Concepto de alergia, alérgeno y antígeno


Habitualmente, la alergia se define como una sensibilidad anormal a una sustancia que produce una reacción adversa. Por anormal entendemos una reacción diferente de la que se presenta mayoritariamente. Esto no explica ni el cómo ni el porqué de tal reacción. Los métodos diagnósticos no sólo permiten saber si una persona es alérgica o no, sino también a qué es alérgica. En cambio, si estos métodos no detectan una alergia, posiblemente la persona seguirá encontrándose mal y no sabrá la causa de su malestar. Por eso, la definición común tiene series limitaciones. Otra definición más adecuada es la que afirma que una alergia a una sustancia –por ejemplo contenida en un alimento– provoca una reacción ante ella, en ocasiones grave, motivada por una sensibilidad anormal que desencadena en el organismo una respuesta inmunitaria (función del sistema de defensa natural del organismo).

Los humanos pueden ser alérgicos a una gran variedad de elementos con los que entran en contacto en un momento dado. Las sustancias, naturales o artificiales, susceptibles de provocar alergia pueden ser aquellas que posean la capacidad de incitar a la creación de anticuerpos. A estas sustancias se las conoce como alérgenos. Entre los más comunes se encuentran los estacionales, como el polen de los árboles y de las gramíneas, o las distintas esporas; los domésticos (el pelo de algunos animales, los ácaros del polvo y los hongos) o los alimentarios (productos lácteos, trigo, maíz, cítricos, mariscos, huevos, etc.). La lista de los alérgenos es amplísima, y hay que aclarar que la gama de síntomas no se limita a los estornudos, la destilación nasal y el lagrimeo. Además, pueden aparecer dolor de cabeza, sarpullido o irritación de la piel, congestión respiratoria, inflamación, urticaria, cansancio, artritis, hinchazón abdominal, indigestión y/o gases, asma, depresión, catarro y diarrea crónica. El alérgeno responsable de una alergia definida recibe el nombre de antígeno. Como su nombre indica, los antígenos son sustancias que inducen al organismo a la creación de anticuerpos y que se ligan a ellos en la llamada reacción antígeno-anticuerpo.

Existen reacciones no relacionadas con el sistema inmunitario, conocidas como reacciones no alérgicas. Entre ellas se encuentran la intolerancia y la sensibilidad. La intolerancia suele estar relacionada con alimentos o aditivos alimentarios; constituye una reacción adversa ante una sustancia consumida que no activa el sistema inmunitario. Por su parte, la sensibilidad puede estar asociada a alimentos, aditivos y productos químicos. En el primer caso, se establece una clasificación genérica para una respuesta negativa crónica ante un alimento, sea o no de naturaleza alérgica. En cuanto a las sustancias químicas que producen sensibilidad, suelen ser intrínsecamente dañinas para todos, pero normalmente no en las dosis que producen la reacción en las personas sensibles a ellas.

Para una total comprensión de las causas y mecanismos relacionados con las alergias, es necesario, en primer lugar, analizar el factor que las distingue de otros tipos de reacciones adversas a ciertas sustancias: el sistema inmunitario, que desempeña una de las más complejas y fascinantes funciones orgánicas. Éste tiene una responsabilidad fundamental, pues es el encargado de mantener el organismo protegido de las enfermedades y de la invasión de sustancias nocivas. La alergia se produce porque el sistema inmunitario no reconoce el elemento causante de la misma (también llamado antígeno), lo identifica como algo que está fuera de lugar y, por tanto, lo trata como a un invasor. El ataque al alérgico se puede producir directamente en los vasos sanguíneos o en los tejidos. La manifestación de la reacción alérgica se da típicamente en el lugar en que el sistema inmunitario ataca al alérgeno.

Lacteos y alergia
Entre las sustancias presentes en ciertos alimentos capaces de provocar reacciones alérgicas se encuentran los lácteos y los cereales.

- Las causas de las alergias


¿Qué hace que el sistema inmunitario de una persona identifique como sustancias nocivas elementos que para otra no lo son? Los alérgenos llegan de manera muy diversa al cuerpo; generalmente penetran en el organismo por las vías respiratorias, la digestión y a través de contactos de la piel o de las mucosas.

Alergias y sistema inmunitario


- Clasificación de las alergias


+ Alergias alimentarias


Durante la digestión, los alimentos se disgregan en nutrientes vitales (proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas, minerales, etc.). En dicho proceso, una vez que los macronutrientes se separan de los sólidos, están listos para ser absorbidos, en primer lugar, por las paredes intestinales. De este modo, y dependiendo del nutriente, pueden pasar –inmediatamente o al cabo del tiempo– al torrente sanguíneo, que los transportará por todo el organismo para mantener la vida. Ahora bien, las proteínas, hidratos de carbono y grasas sólo deben entrar en el flujo de la sangre en su forma utilizable: como aminoácidos, azúcares simples y ácidos grasos. Si, por ejemplo, una proteína como el gluten (derivado del trigo y otros cereales) no se ha digerido adecuadamente y no se ha convertido en aminoácidos, permaneciendo en su forma original, cuando es absorbida por la pared intestinal puede producir una auténtica reacción alérgica. Los aminoácidos y los azúcares libres son reconocidos y no tienen límites de acceso, pero las proteínas y los hidratos de carbono no llegan a la pared intestinal ni tienen tampoco vía libre para penetrar en el torrente sanguíneo. Si fuerzan la entrada de una u otra forma por los controles de las paredes, se verán atacados por los glóbulos blancos del sistema inmunitario. Este defecto en la digestión puede estar provocado por una deficiencia en las enzimas necesarias para digerir las proteínas. Una carencia de ácido clorhídrico o de pepsina en el estómago, o quizá una inadecuada producción de las enzimas de la proteasa en el páncreas, bastan para provocar una abundancia de proteínas derivadas de alimentos que no se digerirán correctamente.

+ Alergias alimentarias relacionadas con el estrés


El estrés puede desempeñar un papel fundamental en prácticamente todos los trastornos digestivos; las alergias no son una excepción. El efecto del estrés sobre la digestión se ha estudiado y documentado ampliamente. En las primeras etapas del estrés se libera la hormona adrenalina. La secreción de esta sustancia tiene, entre otros efectos, el de reducir el aporte de sangre al aparato digestivo, haciendo más lenta la digestión o cortándola. Así, ésta carecerá de eficacia, produciéndose una incompleta elaboración de las proteínas y los hidratos de carbono.


+ Alergias respiratorias y estacionales


Más de un 80% de todas las alergias afectan a las vías respiratorias. No todos los síntomas respiratorios de las alergias están causados por un alérgeno respiratorio o inhalado. De hecho, uno de los síntomas más comunes de las alergias alimentarias es la congestión respiratoria. Una vez que ha entrado en el torrente sanguíneo, el antígeno derivado de un alimento puede trasladarse a cualquier punto del organismo y producir ciertos síntomas. Si se fija en las membranas respiratorias, entonces la respuesta será una sobreabundancia de mucosidad, que desemboca en congestión sinusal o pulmonar. Existen varias clasificaciones de alergia de tipo respiratorio y de reacciones respiratorias no alérgicas. Algunas están relacionadas con la ingestión de antígenos alimentarios o de productos químicos (sobre todo conservantes, como dióxido de azufre y sulfitos). Otras están directamente asociadas a la inhalación de antígenos o productos químicos. Los ejemplos más frecuentes de reacciones de tipo respiratorio son el asma y las alergias estacionales, como la fiebre del heno (o catarro de temporada). En el caso de esta última, la reacción tiene que ver con la inhalación de un alérgeno específico. En el asma, la reacción puede deberse a un antígeno real o a un irritante no antigénico. Las vías respiratorias, incluidos los bronquiolos (tubos transportadores de oxígeno), los pulmones y los senos paranasales, desempeñan un papel fundamental en los trastornos mencionados. La propensión a dichos problemas se puede vincular a una excesiva sensibilidad de las vías respiratorias o bien a una excesiva exposición a irritantes o antígenos, o incluso a unos niveles excesivos exposición a irritantes o antígenos, o incluso a unos niveles excesivos de productos químicos cerca del tejido que tapiza las vías respiratorias. Un debilitamiento de la integridad de dicho tejido puede causar exceso de sensibilidad, provocando que las paredes respiratorias se agraven con más facilidad ante un antígeno potencial como es el polen; puede hacer que las paredes se irriten más fácilmente ante la inhalación de un producto químico, como los disolventes de limpieza, o que sean más vulnerables a la inflamación.

El asma es uno de los trastornos más molestos relacionados con la alergia. Se caracteriza por la secreción de una mucosidad espesa en los pulmones, por espasmo bronquial y por una inflamación que reduce el paso del aire, todo lo cual restringe la respiración. Se distingue un asma intrínseca y un asma extrínseca; esta última se relaciona con una auténtica respuesta alérgica a un antígeno que desencadena una reacción respiratoria.

La fiebre del heno se considera como un ejemplo clásico de alergia. Es un término genérico utilizado para describir la reacción estacional primaria a pólenes y esporas. En ocasiones se denomina rinitis alérgica. Las personas que la padecen presentan, por lo general, un debilitamiento local en los tejidos de las vías respiratorias.

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- El sistema inmunitario y las alergias: vídeo