domingo, 14 de julio de 2013

El sistema nervioso en el hombre



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Como todos los sistemas anatómicos, el sistema nervioso es un conjunto de órganos relacionados entre sí que desempeñan una serie de funciones: la percepción de los estímulos, la transmisión de la excitación, la coordinación de las acciones del organismo. El sistema nervioso regula además todas las funciones orgánicas y la relación entre los distintos sistemas (respiratorio, digestivo, circulatorio y excretor). En los animales superiores, y más concretamente en el hombre, es sede de actividades superiores: la función sensitivo-sensorial y la más elevada de todas, la psicointelectiva, que se manifiesta en la conciencia, en la memoria, en la elaboración de las ideas y en la voluntad.

La unidad básica del sistema nervioso es la célula nerviosa o neurona que consta de un cuerpo celular o pericarión de forma más o menos estrellada, y de dos tipos de prolongaciones: las dentritas, por lo general cortas y ramificadas, y el axón, cilindroeje o neurita, único y con una longitud que puede oscilar entre unos pocos milímetros y algo más de un metro.

Desde el punto de vista funcional las primeras representan ramificaciones que conducen la señal nerviosa del cuerpo celular, mientras que el segundo transmite los impulsos nerviosos a otros pericariones o a otros axones. El cilindroeje está cubierto por unas vainas particulares que lo protegen y lo aíslan eléctricamente: el conjunto formado por la neurita y la vaina se denomina fibra nerviosa.

Los nervios son gruesos haces de fibras nerviosas rodeados y protegidos por capas de tejido conjuntivo. En el nivel macroscópico, se distinguen en el sistema nervioso los siguientes componentes:

- El sistema nervioso central (SNC) constituido por el encéfalo, contenido en la cavidad craneal, y la médula espinal, situada en el canal vertebral. Ambas partes están en comunicación directa por medio del gran agujero occipital de la caja craneal, y se encuentran protegidos por tres membranas, las meninges, que desempeñan, entre otras, la función de alimentar el encéfalo. Los cuerpos celulares de este sistema forman la sustancia gris, mientras que las fibras nerviosas son la sustancia blanca, denominadas así por su respectivo color.

- El sistema nervioso periférico (SNP) está formado por los nervios y los ganglios. Los primeros se extienden desde el SNC hasta los órganos efectores (músculos y glándulas), y viceversa, desde los receptores hasta el sistema nervioso central. Los segundos están formados por masas de cuerpos celulares de las neuronas periféricas. Existen 12 pares de nervios craneales que se originan en el encéfalo y 31 pares de nervios espinales que parten de la médula espinal. El SNP está formado por el sistema aferente o sensitivo, que conduce los impulsos nerviosos desde los receptores periféricos al SNC, y por el sistema eferente o motor, que transmite señales nerviosas desde el sistema nervioso central a los órganos efectores (músculos y glándulas). Una amplia sección del SNP está formada por elementos periféricos del sistema nervioso autónomo o involuntario, denominado también vegetativo para diferenciarlo del sistema cerebroespinal o somático, que controla la vida de relación.

La tradición científica había asignado una localización exacta al sistema autónomo, considerándolo circunscrito a los dos cordones que discurren junto a la columna vertebral y a los nervios que salen de ella. Hoy en día, los nuevos conocimientos de anatomía permiten afirmar que los dos sistemas están estrechamente relacionados, puesto que en el sistema nervioso central existen partes con funciones vegetativas. El sistema nervioso autónomo, que regula las funciones involuntarias de los órganos internos, está constituido por dos divisiones que actúan de forma opuesta: el sistema simpático y el parasimpático. El latido del corazón, por ejemplo, posee una inervación de este tipo: las fibras del sistema simpático, que aumentan la frecuencia de la contracción, y las del parasimpático, que la disminuyen. Para poder comprender lo que sucede en el organismo de un hombre sometido a un estímulo, imaginemos que hacemos cosquillas en la planta del pie de un individuo dormido. Observaremos que éste reaccionará alejando el pie de la fuente de la sensación mediante un gesto defensivo inconsciente. El estímulo ha producido la excitación de una terminación sensitiva, excitación que ha sido transmitida a un ganglio a través de una fibra eferente. El impulso nervioso ha pasado primero a la médula espinal para continuar por las fibras eferentes motoras que salen de ella y se dirigen a los músculos de la pierna. Estos órganos efectores, al contraerse, alejan el pie de la ocasional fuente de peligro (en este caso la mano que hace cosquillas).

En el ejemplo examinado los centros superiores, la conciencia y la voluntad, son ajenos al proceso, ya que el cerebro se halla en estado de reposo durante el sueño. Todas las respuestas involuntarias del organismo a estímulos que actúan sobre el sistema nervioso periférico son denominadas reflejos. La secreción de las glándulas del estómago tras la estimulación de las papilas linguales o de las células olfativas es un reflejo.

En general existe una relación obligada entre la naturaleza del estímulo y el carácter del reflejo. En otras palabras, para obtener un reflejo determinado es preciso que el estímulo sea el adecuado. Pero si se asocia repetidamente un estímulo adecuado a uno inadecuado, este último acaba por sustituir al primero en la determinación del reflejo. Estos reflejos especiales se denominan reflejos condicionados.

Por ejemplo, si se muestra un trozo de carne a un perro, el estímulo visual provoca una secreción del jugo gástrico en su estómago. Si en el momento de mostrarle la carne se hace sonar un timbre, al cabo de algún tiempo bastará el sonido para provocar la secreción gástrica. Tal es el célebre experimento del gran fisiólogo ruso Iván Pavlov (1849-1936) a propósito de los reflejos condicionados.