Después de la última glaciación, hace 12.000 años, las características físicas y climáticas de nuestro planeta se estabilizaron, de tal modo que las variaciones acaecidas hasta nuestros días pueden considerarse poco significativas. Algo parecido ocurrió con la distribución de plantas y animales en el globo, que, salvo raras excepciones, permaneció prácticamente inalterada en el transcurso de los siglos.
- La biosfera y la vida
La combinación de determinados factores físicos (
luz,
temperatura,
agua y
oxígeno), barreras naturales (
mares, ríos y montañas) y vínculos de convivencia entre los organismos, propiciaron la distribución de las diferentes especies animales y vegetales (es interesante recordar la
importancia de la luz y la temperatura en las plantas) en áreas geográficas y climáticas determinadas. La parte del globo terrestre en la que se dan las condiciones indispensables para la vida de animales y vegetales es la biosfera, que si bien es de suma importancia, representa solamente una pequeña porción del planeta.
La biosfera es como una delgada capa que envuelve la Tierra: se extiende bajo tierra hasta las
raíces más profundas de los árboles, en el mar llega a una media de 1.500 metros de profundidad (aunque existen animales capaces de vivir en los fondos de las
fosas oceánicas hasta 9.000 metros de profundidad), y su altitud máxima alcanza los límites de las nieves perpetuas. En resumidas cuentas, la parte de la Tierra donde es posible la vida comprende la zona inferior de la
atmósfera, la porción superior de la
corteza terrestre y toda la
hidrosfera, y se ve afectada por cambios continuos, si bien éstos abarcan extensísimos períodos de tiempo.
La biosfera acoge millares de especies vegetales y casi un millón de especies animales, y en ella pueden distinguirse tres zonas características distintas: los mares, las aguas continentales y la tierra, entre las que se intercalan regiones de transición con características físicas y climáticas de tipo intermedio. Junto a las formas de vida típicas de estas zonas, especies animales o vegetales en tránsito buscan cobijo en ellas para sobrevivir a los rigores climáticos, abandonándolas solamente con la proximidad de estaciones más benignas, cuando la supervivencia de la
prole y las posibilidades de encontrar
alimento están aseguradas.