miércoles, 11 de septiembre de 2013

Clasificación de los alimentos



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Para que la alimentación desempeñe su función es preciso que las sustancias ingeridas y transformadas pertenezcan a las mismas categorías de elementos y de compuestos químicos que componen el organismo. Por ello se precisa una mayor cantidad de carbono, nitrógeno, hidrógeno y oxígeno, de cuya combinación química derivan todas las estructuras moleculares de los organismos vivos, que de hierro, cinc, cobre, manganeso o yodo, por ejemplo, cuyas cantidades presentes en la materia viva son muy bajas, por no decir infinitesimales. He aquí por qué normalmente se denominan macroelementos todos aquéllos que pertenecen al primer grupo de sustancias químicas, y microelementos los del segundo grupo. Los alimentos que derivan de combinaciones químicas más o menos complejas de estos elementos químicos pueden ser clasificados según criterios diferentes. Ante todo, y es lo más sencillo, según su origen: animal (carnes de mamíferos, aves, peces, crustáceos y moluscos, frescos o en conserva; huevos, leche y sus derivados), vegetal (cereales y sus derivados, legumbres, hortalizas, frutas frescas o en conserva, y productos como el azúcar, el cacao o el café, que son de origen vegetal pero que precisan de algún tipo de manipulación para poder ser consumidos) y mineral, como la sal de cocina u otras sales indispensables para el bienestar del organismo. Elemento indispensable en la alimentación es el agua, esencial para el intercambio hídrico y para el desarrollo de la mayor parte de las reacciones químicas del organismo.

El trigo (Triticum sativum) es una planta herbácea de las gramíneas que pertenece al grupo de los cereales. Se cultiva en casi todo el mundo y es un recurso alimenticio muy importante.

En segundo lugar, tal y como se ha mencionado, es posible clasificar los alimentos según su función: plásticos si intervienen en la construcción celular, y energéticos si poseen en estad potencial la energía destinada a ser transformada en el cuerpo en calor y movimiento.

En último lugar se clasifican según su composición química en sustancias inorgánicas y orgánicas, que a su vez se clasifican en sustancias proteicas o proteínas, grasas o lípidos y carbohidratos o glúcidos.

Son asimismo indispensables, si bien en cantidades mínimas, las vitaminas, que desempeñan una función esencial en los procesos de utilización de los alimentos, en la digestión, en el crecimiento, etc. Su falta o insuficiencia provoca enfermedades graves. Por lo que se refiere a la forma física en que las distintas sustancias son asimiladas, depende en gran medida del tipo de organismo, de la conformación de su aparato bucal y digestivo, y de las enzimas que posea tanto en los órganos digestivos como en las células en sí. Las enzimas son a fin de cuentas los auténticos protagonistas de todo proceso digestivo y de asimilación. Hay que recordar a este respecto que, una vez más, es el patrimonio genético del individuo el que determina la base de cualquier capacidad digestiva, al ser precisamente los genes los únicos responsables de la formación de las moléculas enzimáticas.

En líneas generales, el mundo de las plantas autótrofas, punto de partida imprescindible de toda cadena alimentaria, está dotado de un patrimonio enzimático más rico y diversificado, que permite realizar a sus integrantes un elevado número de procesos de síntesis con fines alimenticios.

No sucede lo mismo en los animales, quienes, al servirse directamente (herbívoros) o indirectamente (carnívoros) de materia vegetal como fuente de alimento, poseen un patrimonio enzimático mucho más pobre.

Por último hay que precisar que tanto los organismos vegetales como los animales pueden desarrollar capacidades digestivas particulares, siempre que el medio que los hospeda lo requiera, y variar por tanto su dieta de forma significativa.