lunes, 30 de septiembre de 2013

La sangre: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas



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Habitualmente se dice que la sangre es un líquido. En realidad, además de una parte líquida, contiene muchas células activas de distintas clases, otras sustancias y gases. Para ser más precisos, se trata de un tipo particular de tejido conjuntivo en el que la sustancia intercelular es fluida y las células están libres.

Sangre

- Tipos de células en la sangre


En la sangre existen tres tipos de células libres, o tres categorías de elementos. La primera, más numerosa, está constituida por glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes), cuyo número en un individuo sano oscila alrededor de los 4,5-5 millones por milímetro cúbico. Ellos confieren a la sangre su típico color rojo, aunque si se observa un hematí aislado se ve de color amarillo. Tan sólo reunidos en grandes cantidades adquieren los eritrocitos su tonalidad típica. Los eritrocitos tienen forma de discos bicóncavos, no poseen núcleo y por lo tanto no se reproducen.

- Glóbulos rojos: creados mediante la hematopoyesis en la médula espinal


Los glóbulos rojos tienen una vida bastante breve (alrededor de un centenar de días) pero son continuamente sustituidos por otros producidos en la médula espinal mediante el proceso conocido como hematopoyesis. Transportados por la corriente sanguínea, no salen de los capilares; como máximo, se deforman elásticamente para entrar en los de menor diámetro, y retoman a continuación su forma original.

+ Transporte de hemoglobina como función de los glóbulos rojos


No engloban nunca microbios ni otros corpúsculos extraños que puedan encontrarse en la sangre. Su función se limita al transporte de la hemoglobina, una sustancia proteica de composición química muy compleja, que contiene átomos de hierro.

La hemoglobina tiene la propiedad de fijar, en su paso a través de los pulmones, el oxígeno del aire para transformarse en oxihemoglobina. A continuación esta proteína, a lo largo de su recorrido por el cuerpo, cede su oxígeno y se reduce de nuevo a hemoglobina. La oxihemoglobina posee un color rojo claro, mientras que la hemoglobina es de color rojo oscuro, lo que explica la diferencia de color entre la sangre arterial y la sangre venosa, que confiere a las venas visibles bajo la piel un color azulado.

- Glóbulos blancos o leucocitos


La segunda categoría de elementos de la sangre son los glóbulos blancos (denominados leucocitos). Son mucho menos numerosos que los eritrocitos (entre 5.000 y 9.000 por milímetro cúbico en un individuo sano). Existen tres tipos principales: linfocitos (responsables del proceso inmunitario), granulitos y monocitos. Todos ellos son células con núcleo capaces de englobar y destruir los microbios o corpúsculos de sustancias extrañas y nocivas que se encuentren en la sangre. Pueden asimismo pasar a través de las paredes de los vasos sanguíneos y migrar a través de los tejidos. Su función esencial es proteger el organismo de las infecciones. Cuando, por ejemplo, una herida, por pequeña que sea, abre la vía de acceso a los organismos patógenos, los leucocitos migran a través de los tejidos hasta el punto afectado, atacan los microbios, los engloban y los destruyen por medio de un proceso denominado fagocitosis. Muchos leucocitos mueren en esta lucha: sus despojos forman esa sustancia más o menos líquida conocida como pus. Los leucocitos son por tanto el ejército de defensa del cuerpo, siempre preparados para entrar en acción contra los enemigos vivos que puedan penetrar. La más mínima lesión de nuestro cuerpo conlleva perturbaciones bioquímicas en el punto afectado, con producción de compuestos que, una vez en la corriente sanguínea, funcionan como un timbre de alarma. Entonces el bazo y los ganglios linfáticos del cuerpo, de las axilas y de las ingles, que forman una especie de barrera protectora alrededor de los órganos más importantes, aumentan su actividad y la producción de leucocitos.

- Las plaquetas o trombocitos


Además de los glóbulos rojos y blancos, la sangre contiene un número inferior de plaquetas o trombocitos. Esta tercera categoría de elementos está constituida por fragmentos celulares formados por una pequeña porción de citoplasma rodeado de membrana celular. Los trombocitos tienen un diámetro de dos o tres milésimas de milímetro y su número asciende a no más de 250.000-500.000 por milímetro cúbico de tejido sanguíneo. Las plaquetas juegan un papel importante en la coagulación de la sangre, necesaria para detener las hemorragias.

- El plasma: parte fluida de la sangre


La parte fluida de la sangre es el plasma, un líquido amarillento que constituye algo más de la mitad del volumen sanguíneo. Está compuesta por agua en un 90%, con gran cantidad de sales minerales disueltas, de las que la más abundante es el cloruro de sodio, indispensable para el desarrollo de numerosos procesos fisicoquímicos importantes para la economía del organismo. Además de sales, la sangre transporta sustancias nutritivas y de desecho que son paulatinamente asimiladas o eliminadas según las vías ya descritas, y las sustancias producidas por las glándulas de secreción interna, las hormonas. Por último, la sangre contiene algunas proteínas, entre las cuales se encuentra el fibrinógeno, una sustancia que en contacto con el medio externa se transforma en fibrina y constituya una especie de red que envuelve los elementos celulares en la masa gelatinosa del coágulo. El líquido ligeramente opalino que queda cuando se eliminan las proteínas del plasma es el suero.

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