jueves, 12 de marzo de 2015

La vida en el reino de la hierba: recursos y artimañas para sobrevivir



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En ciertos aspectos, la vida en el reino de la hierba parece bastante cómoda: procurarse el alimento cotidiano no resulta difícil ya que la hierba siempre está presenta en abundancia y, por consiguiente, varios niveles de la pirámide de alimentación son suficientemente abundantes. En otros aspectos, no obstante, la vida en las estepas y praderas resulta más arriesgada que en los bosques tropicales por la falta de refugios y de escondites seguros.

Manada de jirafas
Manada de jirafas. Los herbívoros de las sabanas africanas viven en manadas que comparten pacíficamente el territorio.

- Limitar al máximo el peligro de la vida en las estepas y praderas y diferentes recursos para ello


Los recursos que se emplean para limitar al máximo este peligro son de distintos tipos: vista y olfato agudos; patas robustas y capaces de alcanzar una velocidad notable en la carrera; dimensiones imponentes, intimidatorias, y revestimientos cutáneos espesos y rígidos, auténticas corazas naturales destinadas a la protección de los órganos vitales internos.

+ Número y seguridad en los herbívoros de las praderas: de la mano


La seguridad también se busca con el número y de ahí que los ungulados herbívoros presentes en todas las praderas vivan en manadas. A menudo bajo la dirección de un jefe más anciano y experto, cebras y antílopes de las sabanas africanas, bisontes de Estados Unidos y grandes canguros de Australia se desplazan en grupos compactos. Cada grupo ocupa un particular nicho ecológico en el interior de la comunidad y no compite con las otras especies animales de exigencias análogamente herbívoras. Así, por ejemplo, en la sabana africana viven especies de ungulados bien diferenciadas.

Manada en el Serengeti, Tanzania

- Las cebras


Ungulados perisodáctilos de aspecto similar al caballo, aunque de formas algo más compactas, las cebras son los únicos équidos africanos que se distribuyen por toda la parte meridional y oriental del continente. Tienen la cabeza grande y la crin corta y se caracterizan por el original dibujo del manto, con grandes estrías transversales blancas y negras.

+ Las diferentes especies de cebras


Hay tres especies de cebras: la ubicua cebra común o de Burchell (Equus burchelli), difundida por gran parte de África; la amenazada cebra real o de Grevy (Equus grevyi) de las zonas más áridas de África oriental, incluido el Cuerno de África, y la rara cebra de montaña (Equus zebra), que vive en el S y el O de Sudáfrica, en el SO de Angola y en Namibia.

+ La marcada sociabilidad de las cebras con otras especies


Muy sociales, las cebras conviven a menudo en grupos numerosos con ejemplares de otras especies como antílopes, ñus, avestruces y búfalos. Especialmente grata es la convivencia con las avestruces, aves gigantescas, vigilantes y prudentes, que ponen sobre aviso a las cebras cuando se aproximan los grandes carnívoros.

+ Agilidad y astucia: características de las cebras


Las cebras son ágiles y astutas; tienen los sentidos muy desarrollados; especialmente el oído, que les permite advertir el más mínimo ruido. Están dotadas de una extraordinaria agilidad en la carrera pero, cuando se las acorrala, no dudan en pasar al ataque, defendiéndose con resolución de los agresores a los que infligen mordeduras y coces violentas.

Cebras en la sabana

- Los rinocerontes


Perisodáctilos de mayor porte son los rinocerontes, de los que existen cinco especies, tres de ellas propias de hábitats más o menos herbáceos: el rinoceronte negro (Diceros bicornis), el blanco (Ceratotherium simum) y el indio (Rhinoceros unicornis).

Las otras dos especies de esta familia, el peludo rinoceronte de Sumatra (Dicerorhinus sumatrensis) y el rinoceronte de Java (Rhinoceros sondaicus), especies que apenas han evolucionado en varios millones de años, no sólo son más propias de hábitats selváticos sino que además están en grave peligro de extinción.

+ El rinoceronte blanco


El rinoceronte blanco es el mayor representante de la familia y, actualmente, el único no amenazado de extinción (aunque sí muy vulnerables). La subespecie sureña fue casi exterminada, pero su efectiva protección a partir de 1920 permitió la recuperación de la población, hasta el punto que en 1960 pasó de los 200 a los 2.000 ejemplares y a finales de 1980 contaba con más de 4.000 ejemplares repartidos por Sudáfrica (la mayoría), Zimbadwe, Namibia y Zambia. Sin embargo, la subespecie norteña de este rinocerontes sufrió los efectos de la caza ilícita hasta el punto que en 1989 sólo quedaban 18 individuos en el parque nacional Garanba, en Zaire y 13 en cautividad.

El rinoceronte blanco puede alcanzar 1,85 metros de altura en la cruz y 4,90 metros de longitud, y los machos pueden llegar a pesar 3.600 kilogramos. La cabeza, muy alargada, está armada con dos cuernos característicos; el anterior mide 60 centímetros de longitud aunque puede superar los 150 centímetros y el posterior está bastante menos desarrollado (16-40 centímetros). Esta especie prefiere vivir en zonas abiertas, ricas en hierba baja, y próximas a lugares muy húmedos y fangosos. Exclusivamente herbívoro, pasta y no ramonea, y acude a los pastizales sobre todo de noche o a primeras horas de la mañana, cuando la temperatura es más fría. Las horas más cálidas del día las pasan protegidos de los ardientes rayos del sol, bajo alguna mancha de vegetación que asegure una sombra y una frescura suficientes, donde dormir.

El rinoceronte blanco

+ El rinoceronte negro


Mucho más amenazada que el rinoceronte blanco está el rinoceronte negro (Diceros bicornis), que también vive en sabanas y otras extensiones herbáceas siempre que haya maleza alta u otras espesuras cerca. Contrariamente al blanco, el rinoceronte negro es un ramoneador: se nutre de vainas de acacia y de otras legumbres, y también de yemas de plantas leñosas, para lo que utiliza su labio puntiagudo y prensil, de estructura completamente distinta al labio recto del rinoceronte blanco.

Rinoceronte negro

- La jirafa (Giraffa camelopardalis)


Muy conocido por su larguísimo cuello es otro ungulado africano, esta vez artiodáctilo, la jirafa (Giraffa camelopardalis), que también tiene unas patas larguísimas y el tronco grueso y sensiblemente inclinado hacia atrás. Presenta unos cuernos pequeños, óseos y no caedizos, recubiertos de piel. Muy singulares son las proporciones de su cuerpo, bastante más desarrollado en altura que en longitud. La altura en la cruz alcanza tres metros, mientras que la altura total, es decir, incluidos el cuello y la cabeza, puede superar los cinco metros; la longitud, en cambio, apenas supera los dos metros; el peso puede llegar a las cinco toneladas. El cuello, aun siendo larguísimo, está formado por siete vértebras cervicales, igual que en el hombre.

Muy característico es el manto, de un amarillo leonado que se oscurece sobre el dorso y se torna blancuzco en la parte inferior del tronco. El color de fondo puede quedar reducido a un fino retículo por la presencia de manchas de color pardo herrumbroso, diseminadas por todo el cuerpo, en algunas poblaciones de esta especie. Las jirafas viven en la rala sabana del África subsahariana, y especialmente en la oriental. Son ramoneadores de nivel alto que se alimentan de hojas de árbol, que alcanzan fácilmente gracias a su larguísimo cuello y que arrancan con la lengua y con los móviles labios prensiles.

Amanecer con jirafas

- La gacela dorcas (Gazella dorcas)


La gacela dorcas (Gazella dorcas) es un artiodáctilo provisto de cuernos vacíos y persistentes, curvados en anillo; el manto es de color amarillo que se vuelve pardorrojizo en el dorso y en las patas, mientras que la parte inferior del cuerpo, blanquísima, queda separada de la superior por una lista oscura que recorre los flancos. Con no más de un metro de longitud y una altura modesta (alcanza los sesenta centímetros), la gacela posee una agilidad extraordinaria que le permite realizar saltos prodigiosos y correr a una enorme velocidad y con tal elegancia que parece rozar apenas el suelo. Esta gacela vive en zonas desérticas y subdesérticas, desde Marruecos hasta Senegal y desde Israel hasta Somalia e incluso hasta la India; como la mayoría de los mamíferos de ambientes áridos descansa durante las horas más cálidas del día y busca su alimento a primeras horas de la mañana y últimas de la tarde.

Dotada de una vista un olfato muy agudos, la gacela suele situarse a sotavento, en un punto de observación desde el cual pueda explorar una amplia zona: así, mediante el olfato advierte los peligros que pueden venir por la espalda y, asimismo, vislumbra anticipadamente las eventuales amenazas frontales.

Aunque otras especies del mismo género, como la gacela de Thomson (G. thomsoni) y la gacela de Grant (G. granti) de África oriental, son más propias de las sabanas ralas y de otras zonas áridas con vegetación herbácea, la gran mayoría de este orden habitan en zonas más o menos desérticas. Excepto las de Grant y de Thomson (y la subespecie de Gazella subgutturosa que habita en las estepas y desiertos del centro de Asia), todas las gacelas están amenazadas en un grado u otro por la caza despiadada de la que han sido objeto durante las últimas décadas.

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