Los estudios de geofísica y las campañas oceanográficas de los años cincuenta revelaron la existencia de las dorsales oceánicas por las que sale continuamente nuevo material magmático. Al datar las rocas de los fondos, se observó que su edad aumentaba a medida que se alejaban de la dorsal: las rocas más jóvenes fueron encontradas cerca de las dorsales mientras que las más antiguas estaban confinadas a lo largo de los márgenes continentales o en las fosas oceánicas.
Además fue posible constatar que, sorprendentemente, ninguna roca oceánica presentaba edades por encima de 200 millones de años, mientras que en los continentes se habían encontrado rocas con más de 3 millardos de años.



