miércoles, 15 de mayo de 2013

Huesos de las extremidades superiores e inferiores



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Pasemos a continuación a los huesos de las extremidades, es decir, de los brazos y de las piernas. Los miembros de todos los vertebrados participan del mismo principio constructor, pero la forma de cada uno de los huesos varía según el tipo de locomoción. En el arco pectoral del hombre, donde la extremidad superior entre en contacto con el resto del cuerpo, se observa que la clavícula es muy gruesa, al igual que en los monos, que utilizan sus extremidades anteriores o superiores como nosotros.

Extremidades


El omóplato o escápula es el gran hueso plano de la espalda, que se adapta perfectamente a algunas de las costillas superiores. En la escápula se articula el hueso del brazo, de tal forma que permite su movimiento en todas las direcciones.

El único hueso del brazo se denomina húmero; el antebrazo está formado en cambio por dos elementos óseos, radio y cúbito, que se articulan en el codo con el húmero. La muñeca está formada por 8 huesecillos que forman el carpo, unidos y articulados entre sí. Les siguen otros 5 pequeños huesos delgados y relativamente largos que forman el metacarpo. Al primero de ellos le siguen dos elementos óseos que forman el pulgar, mientras que tras cada uno de los otros cuatro se encuentran 3 huesos denominados falanges, que forman los dedos restantes. Se observa que el pulgar tiene un hueso menos que los demás dedos, y los mismo sucede en el pulgar del pie. El pulgar de la mano es oponible a los demás dedos, propiedad que nos permite asir los objetos, escribir, pintar, tocar y trabajar. En los animales, con excepción de algún mono y algún trepador, el pulgar no es oponible.

Así como existen huesos de unión entre el tronco y los brazos, hay otros que unen el tronco con las piernas: se trata, en cada lado, de 3 huesos distintos (ilion, isquion, pubis), soldados entre sí y que forman el gran cinturón pélvico que con el sacro constituye la pelvis. En la pelvis se articula, mediante un profundo encaje, el hueso del muslo. La inserción es más fuerte que la del brazo en la espalda, puesto que la articulación de la cadera sirve para andar y su resistencia tiene que ser considerable.

El gran hueso del muslo, o fémur, es el más largo, el más grueso y el más resistente del cuerpo. En su extremidad inferior se encuentra la articulación de la rodilla. Debajo de ella se ubican dos grandes huesos, igual que en el antebrazo. Sólo uno de ellos se articula con el fémur, la tibia; el otro, el peroné, es muy delgado y su extremo superior se une al de la tibia.

En la articulación de la rodilla hay un hueso suplementario, la rótula, rodeado de un robusto ligamento mediante el cual se inserta en la tibia un músculo del muslo: ese músculo, al pasar sobre la articulación de la rodilla, recubre la rótula.

Similar al carpo de la mano, en el pie se encuentra el tarso, formado por 7 huesos, uno de los cuales es el hueso del talón. Al metacarpo corresponde el metatarso, formado por 5 pequeños huesos en los que se articulan las falanges de los dedos. Los segmentos óseos del tarso se diferencian de los del carpo porque desarrollan distintas actividades. El hueso más grande es el del talón, que soporta la máxima presión cuando caminamos. Los huesos del metatarso forman un arco que confiere elasticidad a nuestro porte.