jueves, 14 de noviembre de 2013

La reproducción vegetativa



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Muchas plantas utilizan métodos mucho más simples y rápidos para propagarse. Ya sabemos la facilidad con que son emitidas raíces adventicias en cuanto el vegetal se encuentra en condiciones idóneas (ramas de hiedra, oleandro, clavel, etc.). En ocasiones, la acción particular del tallo subterráneo al arrastrarse le asegura la rápida multiplicación de la especie. Se ha mencionado la fresa, que con sus estolones se extiende rápidamente por todo el suelo, y lo mismo sucede con el ranúnculo y la potentila. Es bien conocida, dada su facilidad de aclimatación y su amplia difusión, la forma de propagación del lirio de agua, gracias a su tallo subterráneo denominado rizoma.

Reproduccion vegetativa

Algunas plantas tienen formas aún más especiales de propagación que no precisan de órganos específicos: en lugar de flores se forman bulbillos que al caer al suelo son capaces de formar una nueva planta (como es el caso del ajo). Aprovechando esta modalidad reproductora, los humanos inventaron otros métodos de multiplicación vegetativa que con frecuencia sustituyen a la semilla.

En algunas especies un trozo de tallo, de raíz, una rama y hasta una hoja, separados de la planta madre y en condiciones idóneas, pueden originar un individuo completo. La rama con yemas que plantada en el terreno enraíza se denomina vástago, y la planta resultante puede ser trasplantada del vivero al campo. Ésta es una forma de multiplicación muy común en la vid y en muchas plantas florales, como por ejemplo el geranio, el sauce, el chopo y los árboles frutales. En algunas especies es posible obtener vástagos foliares: en las condiciones adecuadas basta una sola hoja de begonia para desarrollar una nueva planta. El acodo se consigue, en cambio, doblando una rama de la planta madre de tal forma que una parte se hunda en el suelo y el extremo con las yemas sobresalga; en las condiciones adecuadas la parte enterrada de la rama emite raíces, pudiendo entonces cortar la conexión con la planta base, consiguiendo así una nueva planta. Es posible aplicar este método a plantas con ramas bastante largas y flexibles, como la vid, siendo utilizado principalmente para aquellas plantas que tienen dificultades para enraizar en ambientes diferentes a los suyos habituales. Un tipo especial de acodo es el acodo en maceta o de superficie, que se realiza cuando no es posible doblar la rama hasta el suelo, siendo precisa en este caso la experiencia de un buen jardinero. Se rodea una rama de la planta con tierra y musgo sujetos por un vendaje y también con una maceta debidamente rota. Hay que mantener la tierra bien húmeda, practicándola en determinados casos una incisión anular bastante profunda cuyo fin es el de favorecer la formación de las raíces adventicias. Transcurrido el tiempo necesario para que la rama haya echado raíces, se la corta por debajo de la maceta, consiguiendo así una nueva planta.

Distintas razones explican por qué el cultivador utiliza estos métodos en lugar de las semillas. En primer lugar, este sistema permite conseguir plantas más rápidamente que con las semillas (si se siembra una semilla de níspero de Japón al cabo de un año se observa que la planta es ciertamente muy pequeña). En segundo lugar, mediante la multiplicación vegetativa el cultivador tiene la garantía de transmitir a la nueva planta todas las características deseadas. Si en cambio utiliza la reproducción sexual, por semilla se desarrollará una planta que no tendrá ninguna de las cualidades de la variedad conseguida tras años de paciente selección.

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