Existen en el cuerpo dos tipos de tejido muscular: los músculos lisos, que envuelven los órganos internos (por ejemplo, en las paredes del estómago y del intestino), y los estriados, que recubren el esqueleto. Éstos, a diferencia de los primeros, actúan voluntariamente, es decir, que sus contracciones tan sólo se realizan a través de órdenes conscientes, por lo que nosotros podemos controlar su duración e intensidad. Las células de este tipo son cilíndricas, alargadas (las denominadas fibras musculares, sinónimo en este caso de fibras musculares estriadas), y su citoplasma, que contiene numerosos núcleos periféricos, presenta estrías transversales.
El tejido muscular liso (por ejemplo el del estómago, del intestino y de las arterias) no presenta esa morfología especial, y su citoplasma es similar al de las demás células. Es interesante constatar que el corazón, a pesar de ser un músculo involuntario, está constituido por fibras estriadas, si bien de un tipo especial.
Biología
viernes, 24 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Los músculos, motores del cuerpo
Para que el cuerpo de un animal ejecute todos los movimientos que precisa para vivir -y no sólo los relacionados con el mundo exterior, sino también los inherentes a las funciones de los órganos internos- es preciso un elemento capaz de desarrollar energía (energía en sentido estrictamente físico), de la misma manera como sucede en una máquina.
Los "motores" del organismo son los músculos, formados por un tejido especial que rodea el esqueleto y configura lo que llamamos carne. En algunas zonas del cuerpo, la cobertura muscular es muy fina (por ejemplo encima de las articulaciones de los dedos o de la tibia), y si presionamos ligeramente con la mano esas partes, percibiremos el hueso bajo la piel. Pero si comparamos el esqueleto desnudo con el esqueleto recubierto por los músculos, veremos que éstos forman la mayor parte de la masa corporal. Comparemos, por ejemplo, el muslo con el fémur: el hueso está revestido por una gruesa masa de músculos que terminan encima de la articulación de la rodilla.
Los "motores" del organismo son los músculos, formados por un tejido especial que rodea el esqueleto y configura lo que llamamos carne. En algunas zonas del cuerpo, la cobertura muscular es muy fina (por ejemplo encima de las articulaciones de los dedos o de la tibia), y si presionamos ligeramente con la mano esas partes, percibiremos el hueso bajo la piel. Pero si comparamos el esqueleto desnudo con el esqueleto recubierto por los músculos, veremos que éstos forman la mayor parte de la masa corporal. Comparemos, por ejemplo, el muslo con el fémur: el hueso está revestido por una gruesa masa de músculos que terminan encima de la articulación de la rodilla.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Huesos de las extremidades superiores e inferiores
Pasemos a continuación a los huesos de las extremidades, es decir, de los brazos y de las piernas. Los miembros de todos los vertebrados participan del mismo principio constructor, pero la forma de cada uno de los huesos varía según el tipo de locomoción. En el arco pectoral del hombre, donde la extremidad superior entre en contacto con el resto del cuerpo, se observa que la clavícula es muy gruesa, al igual que en los monos, que utilizan sus extremidades anteriores o superiores como nosotros.
El omóplato o escápula es el gran hueso plano de la espalda, que se adapta perfectamente a algunas de las costillas superiores. En la escápula se articula el hueso del brazo, de tal forma que permite su movimiento en todas las direcciones.
El omóplato o escápula es el gran hueso plano de la espalda, que se adapta perfectamente a algunas de las costillas superiores. En la escápula se articula el hueso del brazo, de tal forma que permite su movimiento en todas las direcciones.
martes, 14 de mayo de 2013
La cabeza
Sobre la columna vertebral se apoya la cabeza, en la que se distinguen dos zonas: una parte anterior o cara y una posterior o cráneo. La primera contiene importantes órganos sensoriales (ojos, nariz), además de la abertura bucal y de la entrada de las vías respiratorias. Los huesos del cráneo en cambio contienen el cerebro que, por estar muy desarrollado hacia la parte anterior (al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los animales vertebrados), condicionó el desarrollo en esa dirección. En conjunto, el cráneo consta de 8 huesos de los que 4 son pares (los 2 parietales y los 2 temporales) y 4 impares (frontal, occipital, esfenoides, etmoides).
Por ser muy complejos el estudio y la descripción de estos huesos, nos remitimos a las imágenes para detallar sus particularidades estructurales, y sólo describiremos algunas características generales de esta parte de nuestro cuerpo. En su parte inferior el cráneo está formado por huesos gruesos, robustos y resistentes, para soportar mejor las constantes sacudidas que sufre. En segundo lugar, en su base se encuentran numerosos agujeros de diferentes tamaños, entre los que tiene una importancia considerable el gran foramen occipital, a través del cual se conecta el encéfalo con la médula espinal. Otras aberturas son utilizadas por los vasos sanguíneos que aportan a la cabeza una sangre rica en oxígeno y en sustancias nutritivas (arterias) y por los que envían de nuevo el flujo sanguíneo hacia el corazón y los pulmones (venas). Otras aberturas, finalmente, dejan paso a los numerosos nervios que conectan el cerebro con la cara, la nariz, los ojos, las orejas, la lengua y otras partes importantes del cuerpo.
Por ser muy complejos el estudio y la descripción de estos huesos, nos remitimos a las imágenes para detallar sus particularidades estructurales, y sólo describiremos algunas características generales de esta parte de nuestro cuerpo. En su parte inferior el cráneo está formado por huesos gruesos, robustos y resistentes, para soportar mejor las constantes sacudidas que sufre. En segundo lugar, en su base se encuentran numerosos agujeros de diferentes tamaños, entre los que tiene una importancia considerable el gran foramen occipital, a través del cual se conecta el encéfalo con la médula espinal. Otras aberturas son utilizadas por los vasos sanguíneos que aportan a la cabeza una sangre rica en oxígeno y en sustancias nutritivas (arterias) y por los que envían de nuevo el flujo sanguíneo hacia el corazón y los pulmones (venas). Otras aberturas, finalmente, dejan paso a los numerosos nervios que conectan el cerebro con la cara, la nariz, los ojos, las orejas, la lengua y otras partes importantes del cuerpo.
lunes, 13 de mayo de 2013
La columna vertebral
La columna vertebral está formada por numerosos anillos superpuestos, las vértebras. Éstas difieren mucho en tamaño y forma: por ejemplo las superiores, situadas justo debajo de la cabeza, son mucho más pequeñas que las inferiores, que deben soportar el peso de gran parte del cuerpo.
También los cuerpos vertebrales de la parte central son diferentes porque se unen a las costillas, largos huesos curvos y delgados que contribuyen a formar las paredes del tórax.
El cuello de todos los mamíferos está formado por 7 vértebras (testimonio del origen de un antepasado único); así la jirafa tiene 7 vértebras, al igual que el topo y la ballena.
También los cuerpos vertebrales de la parte central son diferentes porque se unen a las costillas, largos huesos curvos y delgados que contribuyen a formar las paredes del tórax.
El cuello de todos los mamíferos está formado por 7 vértebras (testimonio del origen de un antepasado único); así la jirafa tiene 7 vértebras, al igual que el topo y la ballena.
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