El término antibiótico es utilizado para distinguir las escasas sustancias antimicrobianas, ya sean de origen microbiano o sintético, que han demostrado ser suficientemente selectivas y eficaces en su utilización como quimioterápicos.
- El descubrimiento de los antibióticos
La inhibición de algunos microorganismos por otros –la antibiosis, como relación ecológica opuesta a la simbiosis– fue comprobada por vez primera en 1877 por Pasteur, quien observó la eliminación del bacilo del ántrax en un cultivo contaminado por éste. Al descubrirse los antibióticos, fueron definidos como sustancias antimicrobianas producidas por los microbios. Fleming, en 1929, señaló la acción antibiótica de una colonia del hongo Penicillium notatum cuando contaminaba un cultivo de estafilococo. La sustancia inhibidora, que fue denominada penicilina, pareció en principio demasiado inestable para poder aislarse, quedando por ello aplazado este problema. Algunos años después, Chain y sus colaboradores abordaron en el laboratorio de Florey, en Oxford, la purificación de la penicilina, y demostraron que era relativamente estable una vez purificada y deshidratada. Además resultó ser atóxica para el hombre y más activa que las sulfaminas frente a los microorganismos sensibles. El éxito de la penicilina condujo a la búsqueda en gran escala de nuevos antibióticos, en principio en los centros de investigación médica y en los laboratorios que se ocupaban del estudio de la microbiología del suelo, y posteriormente en la industria farmacéutica. Este esfuerzo masivo ha aportado muchos productos valiosos. Al mismo tiempo, ha aparecido un conjunto de factores que estimula notablemente la producción de los diferentes medicamentos. Por ejemplo, las importantes consecuencias financieras que produce la sustitución en el mercado de una sustancia antimicrobiana por otra.

