lunes, 6 de agosto de 2018

Los asteroides: concepto, origen, composición, dimensiones y órbita


Los asteroides son cuerpos celestes de forma irregular y menor tamaño que los planetas, que también giran en torno al Sol, en sentido antihorario como aquéllos, describiendo órbitas casi circulares. Carentes de atmósfera, su origen se encuentra, probablemente, en la desintegración de un planeta de gran tamaño. El espacio situado entre Marte y Júpiter presenta la mayor concentración de asteroides de nuestro Sistema Solar.

Asteroides y geologia

- Origen y composición de los asteroides


Como se ha indicado, los asteroides podrían ser fragmentos de un gran planeta originario, a partir del cual se habrían formado los restantes planetas del Sistema Solar. La teoría más aceptada sugiere que la gravedad de Júpiter actuó agrupando estos fragmentos en un cinturón de asteroides, donde, viajando a grandes velocidades, chocaron unos contra otros.

En cuanto a su composición, el análisis de su color y su brillo permite diferenciar tres grandes grupos de asteroides. En primer lugar se encuentran los asteroides S, brillantes y tendentes a un tono rojizo; los datos acerca de su composición no aclaran si están integrados por minerales condríticos o bien por una mezcla de metales y silicatos. Los asteroides C presentan un color negro y son muy oscuros (únicamente reflejan el 3.5% de la luz solar); parecen estar formados por condritas carbonáceas. Finalmente, los asteroides del tipo M poseen un brillo moderado; en función de sus propiedades ópticas, se ha pensado que podrían estar compuestos por aleaciones de hierro y níquel.

Por lo que respecta a su distribución, los asteroides S abundan en el interior del cinturón, mientras los de tipo C son escasos en esta zona y muy frecuentes en la parte externa. La explicación de esta ubicación podría estar relacionada con las diferencias de temperatura surgidas durante la formación de los planetas. Algunos astrónomos sostienen la teoría de que los tipos de asteroides mencionados son resultado de historias geológicas diferentes.

- Aspecto y dimensiones de los asteroides


Incluso los asteroides más grandes poseen tan sólo unos pocos centenares de kilómetros de diámetro –de los más de cinco mil asteroides conocidos en la actualidad, únicamente una cantidad muy pequeña presenta un diámetro superior a los 400 km–. Por esta razón, los telescopios no pueden aportar información acerca de las estructuras que aparecen en su superficie. No obstante, a partir de la observación de lentas variaciones en la cantidad de luz solar reflejada, puede pensarse que se trata de cuerpos irregulares que giran a medida que orbitan alrededor del Sol. Únicamente los más grandes son de forma aproximadamente esférica.

Cuando las sondas Viking y Mariner lograron fotografiar los satélites de Marte, Fobos y Deimos, llegaron a la Tierra también algunos datos acerca de dos asteroides que podrían haber sido capturados por el planeta. Los mencionados objetos, de apariencia irregular, poseen diámetros de 28 y 12 km, y aparecen accidentados por cráteres en su superficie.

En febrero de 2001 una sonda estadounidense logró, por vez primera, posarse sobre un asteroide; momentos antes, pudo transmitir imágenes de superficie, tomadas a una distancia de tan sólo sin duda, contribuirán a aumentar el conocimiento acerca de este tipo de objetos.


- La órbita de los asteroides


La mayoría de los asteroides describen órbitas en torno al Sol, dentro de un área comprendida entre Marte y Júpiter; es el mencionado cinturón de asteroides. Es muy posible que fuera la gran masa de este último planeta la causa de su origen. Efectivamente, la distribución de asteroides en dicho espacio evidencia la importancia de la gravitación de Júpiter, planeta cuya influencia es, asimismo, dominante en dos grupos de asteroides no incluidos en el cinturón, pero que han resultado atrapados en los denominados puntos de Lagrange. Los puntos de Lagrange son regiones situadas a 60º por encima y 60º por debajo del planeta, donde la combinación de las gravitaciones del Sol y de Júpiter tiene como resultado la captura de pequeños cuerpos, conocidos como asteroides troyanos.

En octubre de 1977 fue descubierto el asteroide Chirón, de unos 350 km de diámetro, cuya órbita le conduce desde el entorno de la órbita de Urano hasta el interior de la órbita de Saturno. El hecho de que aparezca un asteroide en una zona tan alejada del Sistema Solar hace pensar en la posibilidad de que Júpiter y Saturno atraigan conjuntamente a los asteroides del cinturón principal, arrojándolos hacia cinturones de menor entidad, situados entre Júpiter y Saturno o bien entre Saturno y Urano.

También se encuentran fuera del cinturón de asteroides los objetos llamados Apolo y Amor; sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los asteroides troyanos o con Chirón, éstos sí pueden acercarse bastante a la Tierra. Los asteroides Apolo poseen órbitas que cruzan la órbita terrestre y que, por tanto, podrían chocar con ella. Por su parte, los objetos de Amor tienen órbitas que cruzan la de Marte pero que no alcanzan la de la Tierra. La presencia de Júpiter determina la posibilidad de eventuales colisiones de estos asteroides con algún planeta.

Cada 250.000 años de promedio un objeto Apolo alcanza la Tierra. Con un diámetro aproximado de 1 km, la colisión con nuestro planeta tiene como consecuencia la aparición de cráteres de unos 20 km de diámetro. Sin duda, estos choques se volverán a producir a lo largo del tiempo; de los treinta objetos Apolo conocidos, puede afirmarse que ninguno de ellos colisionará con la Tierra en un futuro predecible. Quedan, no obstante, cerca de 800 objetos de este tipo que aún no se han descubierto.

- Choques de asteroides


Las colisiones entre asteroides constituyen un fenómeno relativamente frecuente. A comienzos del siglo XX se registró la existencia de grupos de asteroides que describían órbitas similares. Se mantenían a idéntica distancia media con respecto al Sol y poseían la misma inclinación y excentricidad. Como explicación se apuntó la posibilidad de que estas familias fueran fragmentos surgidos como resultado de colisiones catastróficas que rompieron algún asteroide. Dichos fragmentos prosiguen su viaje en órbitas similares alrededor del Sol.

Otra de las consecuencias que se deriva del choque entre asteroides es la formación de asteroides dobles y satélites. Tras una colisión violenta, probablemente el asteroide dobles y satélites. Tras una colisión violenta, probablemente el asteroides se rompería en fragmentos que, en su mayoría, volverían a unirse. No obstante, en determinadas circunstancias, los fragmentos podrían resultar incapaces de formar un único cuerpo. En este caso habrían originado dos cuerpos iguales que orbitarían uno a otro, un asteroide binario, o bien dos cuerpos distintos, un asteroide y un satélite. Hay que recordar que la momentánea disminución del brillo de una estrella antes o después del paso de un asteroide, ha sugerido la idea de que la estrella hubiera sido ocultado por un satélite. Efectivamente, las mejoras en la tecnología de la imagen permiten apuntar que algunos asteroides de aspecto especialmente irregular son, en realidad, sistemas binarios formados por dos cuerpos que se orbitan mutuamente a una distancia tan reducida que podría pensarse que están en contacto. Igualmente la existencia de asteroides satélites podría tener su explicación en procesos de colisión.