martes, 31 de julio de 2018

El Alzheimer: concepto, características, tipos y desarrollo de la enfermedad



El Alzheimer es una de las enfermedades que más se han extendido en los últimos años, y aunque la mayoría de los afectados son mayores de sesenta años, puede presentarse a partir de los treinta.

Enfermedad de Alzheimer y biologia

- Historia de la enfermedad de Alzheimer


Aunque fue en 1907 cuando el neurólogo alemán Alois Alzheimer describió por primera vez en el ámbito científico la enfermedad que llevaría su nombre, muchos siglos atrás ya se había hablado de este trastorno y de su sintomatología. Quinientos años antes de Cristo, Solón, Platón y Cicerón identificaron cuadros similares a los que hoy denominamos demencias. También en el Imperio romano, en el siglo I a.C., Aurelius Cornelius Celsus habla de la demencia como entidad clínica. En la segunda centuria de nuestra era, Areteo de Capadocia estableció la primera clasificación de las demencias, dividiéndolas en agudas y crónicas. En el siglo XVII se publicó un caso clínico de enfermedad de Alzheimer y comenzó a hablarse ensanchamiento de los ventrículos del cerebro y atrofia cortical en esta dolencia.

Ya en el siglo XX, después de la descripción científica realizada por Alois Alzheimer y, especialmente, a partir de la década de los años ochenta, el interés por la enfermedad ha crecido de forma notable, al tiempo que han avanzado las investigaciones acerca de este mal. Una de las razones es, sin duda, el importante incremento de la población mayor de sesenta y cinco años, fenómeno paralelo al aumentar de la esperanza de vida; el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer se duplica cada cinco años a partir de los sesenta. Por otra parte, el hecho de que haya afectado a personajes de todos conocidos, como el que fuera presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, o la célebre actriz Rita Hayworth, ha contribuido decididamente a aumentar la atención prestada a este trastorno.

Se estima que entre el 2 y el 4% de la población mayor de sesenta y cinco años padece demencia de tipo Alzheimer; por el contrario, otras clases de demencia son mucho menos frecuentes. La prevalencia de este caso particular aumentar con la edad, en especial a partir de los sesenta y cinco años, alcanzando un porcentaje de afectados superior incluso al 20% por encima de los ochenta y cinco.

Junto a la edad, uno de los principales factores de riesgo es el sexo; el Alzheimer es mucho más frecuente en mujeres que en hombres, aunque esta desigualdad puede estar asociada al hecho de que la esperanza de vida de la mujer es mayor que la del hombre. Asimismo, la existencia de antecedentes familiares duplica el riesgo de padecer la enfermedad. Finalmente, también se asocia a este trastorno el haber sufrido algún traumatismo craneoencefácilo, o tener síndrome de Down.

- Qué es la enfermedad de Alzheimer y cuáles son sus características


La enfermedad de Alzheimer se caracteriza fundamentalmente por la muerte de neuronas del cerebro, por la aparición de deformaciones en algunas de sus partes internas, como los ventrículos laterales, así como por la pérdida de consistencia y grosor de la corteza cerebral.

Se trata de un trastorno cerebral orgánico, más concretamente, como se ha indicado, de un tipo de demencia. Como consecuencia, se presenta como una patología o anomalía de las funciones mentales tanto cognitivas –atención, percepción, lenguaje, memoria, pensamiento, conciencia– como no cognitiva –personalidad, afectividad, control de la conducta–, que se manifiesta de forma crónica y progresiva.

Quizá, la característica más llamativa del Alzheimer es el evidente deterioro de la memoria; se produce una significativa disminución de la capacidad para retener nueva información o para recordar lo aprendido previamente. No obstante, se dan otros trastornos cognoscitivos igualmente llamativos, como alteraciones del lenguaje (afasia), dificultad para llevar a cabo actividades motoras (apraxia) –a pesar de que la función motora está intacta–, fallos en el reconocimiento o identificación de objetos (agnosia) –aunque, igualmente, la función sensorial no se ve afectada– o alteraciones de la ejecución –planificación, organización, secuenciación y abstracción–. Como resultado de lo anterior, es significativo el deterioro que se sufre en la actividad laboral y social, lo que supone una merma importante con respecto al nivel previo de actividad.

- Tipos de Alzheimer


Dependiendo del momento en que comience a manifestarse, cabe distinguir dos tipos de enfermedad de Alzheimer: de inicio temprano, si se produce a los sesenta y cinco años o antes, o bien de inicio tardío, si sus síntomas aparecen con posterioridad a la edad indicada. En el primer caso, la duración del trastorno se estima en un periodo de seis a ocho años; en el segundo, la duración media sería de tres a cinco años. Ambos tipos de demencia pueden manifestarse con delirium, depresión, ideas delirantes y, a veces, también con alteraciones del comportamiento.

- Desarrollo de la enfermedad de Alzheimer


En el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer podemos hablar de tres fases.


+ Fase inicial del Alzheimer


En la fase inicial, el mal aparece de forma insidiosa, progresiva y lentamente. Empieza a apreciarse una diminución de la memoria reciente, es decir, un incipiente deterioro de la memoria, con dificultad leve para nombrar objetos. También se da un cambio brusco de humor, un abandono progresivo de las aficiones, una apatía crónica y una reducción de la espontaneidad, así como una mirada inexpresiva. Al principio, el enfermo es consciente de sus equivocaciones y de su pérdida de memoria, sin embargo tiende a camuflarlos y a no darles importancia, con lo que generalmente se retrasa la visita al especialista y, por tanto, la posibilidad de un diagnóstico precoz.

+ Fase intermedia


En la fase intermedia de la enfermedad, es cuando tiene lugar una mayor alteración de la memoria reciente y de la memoria de evocación. También existe una clara desorientación, falta de espontaneidad, problemas de comprensión –que se manifiestan, por ejemplo, en dificultades para leer y escribir–, aumento del tono muscular, trastornos de la marcha, falta de coordinación de los movimientos espaciales y gestuales, mala coordinación de los músculos que facilitan el habla –se pierde calidad en la comunicación, que en ocasiones llega a ser totalmente imposible– y reacciones desmesuradas que llegan a la agresividad. En este estadio, también aumenta la fatiga y disminuye la motivación, aparecen miedos injustificados, confusión, etc. Todo ello provoca el deterioro en la vida diaria y la pérdida de autonomía personal.

+ Fase final


Por último, en la fase final, el enfermo ha perdido ya todas sus capacidades intelectuales, presente un mutismo absoluto, estupor y rigidez muscular. La persona afectada se encuentra postrada y tiene un algo riesgo de padecer todo tipo de enfermedades infecciosas, puesto que ha perdido casi todas sus defensas.


- Tratamiento de la enfermedad


Hoy en día no existe un tratamiento eficaz contra la enfermedad de Alzheimer; se trata de una afección crónica, degenerativa e irreversible. Sin embargo, es posible llevar a cabo un tratamiento farmacológico sintomático, que protege el sistema nervioso y ayuda a que algunos síntomas específicos asociados remitan. Así, por ejemplo, se recurre a los antidepresivos, para paliar síntomas emocionales como la tristeza y la desesperanza; también se utilizan neurolépticos, para hacer frente a la agitación, la agresividad, la presencia de ideas delirantes y demás síntomas psicóticos; finalmente, los sedantes e hipnóticos contribuyen a reducir la ansiedad y el insomnio.

Es recomendable, igualmente, un tratamiento no farmacológico. El enfermo ha de mantener sus niveles de hidratación y nutrición, así como de seguridad, estabilidad y tranquilidad medioambiental. Por otra parte, resulta conveniente una adecuada estimulación cognitiva y afectiva de la persona afectada, con el empleo de diversas técnicas, entre las que pueden mencionarse el entrenamiento de memoria (refranes, canciones), las técnicas de orientación espacio-temporal (repetición de datos sobre la fechas, lugares), la musicoterapia, la ergoterapia (actividades manuales) y la estimulación social (visitas de amigos y familiares) y física (paseos, gimnasia).