domingo, 13 de septiembre de 2015

Diversidad biológica (II): la taxonomía



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La taxonomía se define como la ciencia que agrupa y nombra las especies. La taxonomía moderna, taxonomía sistemática, está jerarquizada, los taxones donde se agrupan los organismos van a ir creciendo de forma ascendente, es decir, van a ir agrupando a más organismos cada vez, desde unos niveles inferiores que sólo agruparían especies, hasta otros superiores que agruparían especies distintas.

Taxonomia y biologia

- La taxonomía clasifica los organismos en taxones


+ Taxones: especies -> géneros -> familias -> órdenes -> clases -> filos -> reinos


Son siete las categorías principales donde se clasifican los organismos, pero cada uno de ellos puede sufrir infinitas subdivisiones que nos llevan a unos 30 taxones reconocidos. El taxón más básico es la especie. Aquellas especies que se encuentran relacionadas de forma directa se agrupan en el siguiente cajón, el género. Y aquellos géneros emparentados en familias. Éstas en órdenes, luego en clases, filos y, finalmente, en reinos. Cualquier organismo que se pretenda clasificar o que ya lo esté, deberá estar incluido en estos siete taxones. Salvo para el taxón especie no existe ninguna definición que explique lo que son el resto de taxones, salvo que son agrupaciones de un taxón inferior. Esto es debido a que sólo la especie es el único cajón real, representado en la naturaleza. El resto es un artificio de los taxonomistas para hacer más fácil su trabajo.

- La taxonomía define a los organismos mediante la nomenclatura binomial


Una vez que la taxonomía cumple con su primera misión, agrupar, queda definir los organismos atendiendo a la categoría en la que está inmerso. Cualquier designación de nombres es una nomenclatura, la cual tiene que seguir unas reglas universales. El sistema de Linneo, y posteriormente el moderno, está basado en la denominado nomenclatura binomial. Cada especie posee un nombre que le identifica y está constituido por dos palabras latinizadas escritas en letra cursiva. La primera palabra representa el género, escrito con inicial mayúscula, y la segunda palabra es el epíteto específico, es decir, el nombre de la especie, y se escribiría con inicial minúscula.

El nombre del género puede ir sólo haciendo referencia a las especies que engloba, pero la palabra de especie siempre deberá ir acompañada de la que hace referencia al género. Dado que el epíteto específico es un adjetivo que suele hacer referencia a una característica o propiedad del organismo, puede ser utilizado para especies de diferentes géneros. Por ejemplo, esto ocurre entre el lagarto verde Anolis carolinensis y un gorrión denominado Parus carolinensis. Los dos comparten una característica; son propios de Carolina (Estados Unidos). Sin embargo, nunca se podrá designar dos géneros bajo el mismo término.

La nomenclatura del resto de taxones es sencilla y sólo afecta a la terminación de una palabra clave.

Muchos de los organismos tienen nombres comunes que han sido dados a lo largo de la historia. Estos nombres para la misma especie varían de una cultura a otra y de una región a otra. Por eso, la existencia de una nomenclatura científica hace que cualquier biólogo pueda comprender trabajos de investigación realizados en otros países. Cualquier nomenclatura permite universalizar.