Múltiples elementos han contribuido a que las tierras comprendidas entre las franjas de clima húmedo-templado de la Europa septentrional y de clima seco del norte de África constituyesen una región absolutamente particular: la proximidad de un mar cálido y poco profundo que baña sus costas, los inviernos relativamente apacibles y lluviosos seguidos de veranos calurosos y secos, los vientos que a menudo soplan con ímpetu, transportando polvillo y salobridad. Semejante situación climática y ambiental ha determinado la presencia de olivos y de vastas extensiones de viñedos y árboles frutales.
El olivo (Olea europaca), de la familia de las oleáceas y originario de Siria, crece espontáneo en toda la Europa mediterránea bajo la forma silvestre llamada "acebuche".

