Las mayor partes de las plantas viven en un lugar fijo, por lo que deben adaptarse perfectamente a las condiciones del terreno y del clima. El tipo de terreno condiciona en gran medida a las plantas, muy sensibles a la composición mineral de las rocas que constituyen el suelo: algunas especies vegetales muestran preferencia por terrenos calizos (suelos ricos en carbonato de calcio), como la vid, el olivo, y el Rhododendron hirsutum; otras, por terrenos ricos en derivados del silicio como el Rhododendron ferrugineum, típico de los Alpes occidentales. Pero eso no es todo; también hay plantas que pueden sobrevivir en terrenos salobres y se llaman halóficas (del griego háls, "mar"), como los cocoteros, las acelgas y el Eringium maritimum, que crece en las playas.
| Los cocoteros son un ejemplo de plantas halófitas, que sobreviven en ambientes con alta concentración de sal. |
De igual modo, el clima, a través de dos de sus elementos principales, la temperatura y la humedad, influye de manera decisiva sobre las plantas.
