Al igual que el sistema inmune requiere de una regulación, tanto para activarse como para desactivarse, para evitar que se ocasionen daños a los tejidos, los microorganismos también poseen un sistema de regulación de los procesos de virulencia.
El hecho de sintetizar catepsinas, toxinas, sideróforos, flagelos, etc. es algo energéticamente muy costoso. Es por esto por lo que los microorganismos lo sintetizan únicamente cuando hace falta. Por ejemplo, Yersinia pestis, que es inmóvil por debajo de 30 grados, sintetiza un flagelo al entrar al ser humano (cuando la temperatura aumenta a 37 grados).



