Uno de los elementos más potentes de la inmunidad innata es el complemento. Fue descubierto por Jules Bordet, quien lo llamó alexina y recibió el premio Nobel por este descubrimiento en 1919. Bordet observó que, al administrar suero fresco a un medio con bacterias y anticuerpos, las bacterias eran destruidas. Sin embargo, si no se administraba el suero, los anticuerpos precipitaban las bacterias, pero no las destruían.
Posteriormente Paul Ehrlich lo denominó complemento porque complementa la acción de los anticuerpos. Además, se comprobó que el complemento perdía su poder lítico al calentar el suero a 56 ºC durante media hora, lo que indica que son moléculas muy termolábiles.

