domingo, 25 de enero de 2015

La selva, el bioma más complejo y diverso del planeta



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Selva pluvial o pluvisilva es el nombre que mejor se adecua a este auténtico océano vegetal en el que conviven un enorme número de especies de plantas, en un intrincado amasijo de raíces, troncos y ramas.

Selva pluvial o pluvisilva
Detalle de una selva pluvial o pluvisilva. Este tipo de formación vegetal se desarrolla en condiciones climáticas que se caracterizan por lluvias abundantes y temperaturas siempre elevadas. La selva pluvial más extensa del mundo es la de Amazonia, donde se lucha por detener la deforestación indiscriminada.

- Características de la selva pluvial o pluvisilva


La existencia de este tipo de vegetación se debe a las características del clima tropical, especialmente en las zonas que ocupa la plurisilva. Este bioma se caracteriza por recibir precipitaciones casi siempre superiores a los 3.000 litros por metro cuadrado al año, uniformemente distribuidas a lo largo del año.

Una densa y cálida niebla se adueña a menudo de la selva y no existen estaciones sino un verano continuo que dura todo el año. El resultado es una vegetación en continuo y exuberante crecimiento.

- ¿Dónde se sitúan las grandes selvas ecuatoriales?


La gran selva ecuatorial se presenta en el mundo en tres regiones principales: en América del Sur, donde la pluviselva se extiende por más de 3.000 kilómetros desde los Andes hasta el Atlántico, ocupando la inmensa cuenca del Amazonas (y también en otras zonas, como el Chocó colombiano, parte de las Antillas y de Centroamérica, y en algunas localidades costeras del centro-sur de Brasil); en África, donde cubre la amplia cuenca del río Zaire (y también en una pequeña parte de Madagascar); en la región indomalaya, donde se presenta fragmentaria, troceada como está entre las selvas residuales de la India, de Birmania y de Indochina y las que cubren parte de las múltiples islas del archipiélago. También NE de Australia alberga una importante extensión de selvas.

- La deforestación, principal amenaza para la ecología de las selvas del mundo


Desgraciadamente, las selvas de todo el mundo están en grave peligro. La continua deforestación efectuada por el hombre amenaza con comprometer no sólo la ecología de este bioma sino su existencia misma: la destrucción de los árboles, especialmente los de porte alto, provoca la desaparición de las especies que viven en ellos; el agua de la lluvia, ya no retenida por las raíces de los árboles, lava el suelo y da inicio a una laterización (la tierra húmeda se cuece como un ladrillo al exponerse al sol) que provoca una desertización irremediable.

Hasta hace unos pocos decenios, las pluvisilvas ocupaban unos 14 millones de kilómetros cuadrados, es decir, una extensión equivalente al 10% de la superficie de la Tierra. Sin embargo, la deforestación producida durante estos últimos años ha reducido su superficie a apenas 8,5 millones de kilómetros cuadrados y esta destrucción prosigue sin que nada parezca detenerla, excepto en las zonas más protegidas por los programas especiales de conservación, tales como los parques nacionales y otras zonas de gran diversidad biológica.

Todas las zonas recubiertas de selva están amenazadas, y los peligros que entraña esta deforestación residen en el papel que juega este bioma en el clima general del planeta. Los efectos climáticos de los bosques tropicales húmedos, en efecto, son tan potentes que se advierten a miles de kilómetros de distancia de los trópicos. Las nubes que se forman sobre las selvas impiden que la luz del sol incida directamente sobre el suelo; este efecto de "pantalla" se ve acrecentado por la evapotranspiración que refresca las hojas de los árboles y, además, parte del calor que se genera al condensarse el vapor de agua de las nubes se dirige hacia las latitudes más norteñas, donde sirve para atemperar el clima. Dicho en otras palabras, la deforestación a gran escala no sólo amenaza con desertificar gran parte del trópico sino que además podría tener un efecto pernicioso incluso en nuestras latitudes, al alterarse los mecanismos que permiten la transferencia del calor hacia ellas.

Con todo, las consecuencias más graves de la deforestación no atañen a la variación climática. Aunque hoy en día las pluvisilvas apenas recubren el 6% de todos los continentes, en su interior vive un enorme número de plantas y de animales, probablemente mucho más de la mitad de las especies de seres vivos que existen en la Tierra.

- Diversidad en la flora y fauna de las pluvisilvas


Las pluvisilvas de todos los continentes muestran grandes analogías por lo que respecta a la flora y a la fauna. Los árboles, generalmente perennes, son los grandes protagonistas y su diversidad es altísima: una sola hectárea de selva contiene de 50 a 200 especies distintas de árboles, mientras que en los bosques de las zonas templadas (España, por ejemplo), es raro que crezcan más de diez especies por hectárea. A pesar de esta diversidad, muchos árboles selváticos tienen un aspecto común: la mayoría de ellos tienen unos treinta metros de altura (aunque algunos pueden superar los sesenta metros), un tronco muy estilizado y liso que, por lo general, se ramifica tan sólo en la copa. En esta última se concentra la mayoría de las hojas y éstas, generalmente brillantes y a menudo coriáceas, suelen estar provistas de goteadores en el extremo del limbo para facilitar la escorrentía del agua de lluvia. Las raíces de los árboles son pocos profundas pero macizas y sólidas. Numerosas son las plantas trepadoras, las lianas que se enroscan en las ramas y las plantas epífitas que, gracias a sus especiales raíces aéreas, absorben directamente del aire y de la lluevia el agua y las sales minerales necesarias para su metabolismo. Muchas epífitas conservan entre sus hojas pequeñas pozas de agua en las que se refugian muchos animales: mosquitos, moscas, libélulas, larvas de insectos, renacuajos de ranas dendrobátidas, pequeñas salamandras, etc.

La verde bóveda de la selva, tan ávida de luz, se comporta como un techo frente a los estratos inferiores, creando un perenne sotobosque en el que prosperan los helechos y los musgos, a veces de dimensiones considerables. Pese a tanta exuberancia, el suelo del bosque ecuatorial no es particularmente fértil; a menudo yermo, está totalmente desprovisto de material en descomposición cuyo consumo y reciclaje consiguiente tienen lugar casi al mismo tiempo que su deposición.

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