viernes, 23 de agosto de 2013

El oído humano



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Al igual que ocurre con los demás sentidos, en el cerebro existe una determinada zona relacionada con el oído. Ésta incluye dos centros nerviosos auditivos: una para cada lado. El órgano de la audición que comunica los sonidos exteriores al centro nervioso auditivo es el oído. En el se distinguen tres partes fundamentales: oído externo, oído medio y oído interno. El primero incluye el pabellón auditivo y el conducto auditivo externo. El pabellón u oreja, que sobresale a ambos lados de la cabeza, formado por tejidos muy vascularizados, está constituido por cartílago que, debido a su naturaleza elástica y a la abundancia de fibras, es muy flexible.
El oído humano: se aprecian el oído externo, el conducto auditivo, el oído medio y el oído interno.
El pabellón está además dotado de músculos extrínsecos y de músculos intrínsecos: en el hombre ambos están prácticamente atrofiados y no tienen función alguna, mientras que en los animales son sumamente importantes, puesto que los extrínsecos sirven para orientar el pabellón en la dirección de la fuente sonora, mientras que los intrínsecos regulan la intensidad de las ondas sonoras. La forma externa varía de individuo a individuo, y puede constituir un carácter hereditario. El conducto auditivo externo es un canal de unos 24 milímetros de longitud que une el pabellón con la membrana del tímpano; tiene una forma más o menos cilíndrica y presenta una primera parte cartilaginosa y una segunda ósea. La piel que lo recubre es la misma que cubre el pabellón: está dotada de pelos, más o menos abundantes según los individuos, y de numerosas glándulas especiales en forma de ángulo (las glándulas ceruminosas) que segregan una sustancia, el cerumen, que protege la piel. El conducto auditivo externo dirige las ondas sonoras hacia la membrana timpánica, si bien, al estar el conducto ligeramente curvado en espiral, las vibraciones no inciden directamente sobre la membrana, que se resentiría, sino que son reflejadas. El tamaño y la forma del oído externo varían en las distintas razas humanas. El conducto auditivo está perfectamente cerrado en su extremo interior por un fina y delicada membrana, tensa como la piel de un tambor: el tímpano. Éste puede resultar irremediablemente dañado por eventuales golpes: la sordera es la consecuencia inmediata.

Más allá del tímpano se encuentra una cavidad excavada en el hueso: el oído medio. La región del hueso temporal en la que se localizan el oído medio e interno se denomina roca petrosa, por su dureza y compacidad. El oído medio está lleno de aire procedente de la faringe; del fondo de ésta salen dos canales denominados trompas de Eustaquio que llevan el aire a la cavidad timpánica. Si con la boca cerrada y la nariz tapada hacemos como si estornudáramos, percibiremos una extraña sensación en los oídos porque el movimiento ha abierto las trompas y ha enviado aire al oído medio. Es muy importante para la seguridad del oído que la presión del aire sea igual a ambos lados del tímpano. Si la presión es superior en la parte externa, el tímpano se tensa y es forzado hacia el interior (esto sucede cuando alguna enfermedad de la garganta o de la nariz cierra los conductos internos). Cuando se desciende rápidamente en un ascensor, o cuando se está a bordo de un avión que despega o aterriza, es conveniente de vez en cuando tragar saliva o bostezar para mantener abiertos los canales que van de la garganta al oído, e impedir así que la presión externa del aire, que aumenta rápidamente al descender, fuerce en exceso el tímpano presionándolo hacia el interior sin que se compense la presión interna.

La estructura más importante del oído medio es una pequeña cadena de tres huesecillos (los más pequeños de todo el cuerpo), el martillo, el yunque y el estribo, situados en fila y unidos por tejido cartilaginoso. El martillo se inserta en la membrana timpánica, mientras que la base del estribo se apoya sobre la pared de la ventana oval, que conduce a la parte más compleja y perfeccionada del aparato auditivo, el oído interno. Esta cadena de huesecillos tiene como misión llevar las ondas sonoras al oído interno: siempre que una onda sonora hace vibrar el tímpano, el mango del martillo, que está adherido a él, recibe la vibración y la transmite a los demás huesecillos, que a su vez la comunican al oído interno. Por último se encuentran en esta zona del oído dos músculos muy pequeños y finos pero utilísimos, denominados tensor del tímpano y músculo del estribo, que desempeñan funciones opuestas. El tensor del tímpano está situado de forma que al contraerse tensa el tímpano, haciéndolo vibrar más enérgicamente y afinando el oído. Siempre que se aguza el oído, inconscientemente se acciona este músculo. La contracción del segundo músculo modifica la vibración del estribo, y evita el desgaste que podrían producir en dicho hueso los sonidos desagradables. Los tres huesecillos del oído medio transmiten las ondas sonoras desde el tímpano hasta la ventana oval, donde una membrana adherida al extremo del estribo cierra por completo el oído interno, lleno de líquido. Los estímulos acústicos actúan sobre las terminaciones periféricas del nervio acústico precisamente a través de este líquido. El oído interno es tan complicado que recibe el nombre de laberinto. Se localiza en el hueso temporal y está constituido por dos estructuras, una dentro de la otra, de forma muy parecida y ambas muy complejas. La externa es ósea (laberinto óseo), mientras que la interna está formada por una delicada membrana (laberinto membranoso). El fluido transparente que rellena la zona interna se denomina endolinfa, mientras que el espacio situado entre el laberinto membranoso y el óseo está lleno de perilinfa. En la estructura externa se distinguen tres partes: los canales semicirculares y el vestíbulo, implicados en el sentido del equilibrio, y la cóclea, implicada en la audición. En la cóclea, dentro del laberinto membranoso, se encuentra un pequeño órgano denominado órgano de Corti, comparable a un teclado compuesto por un número extraordinario de teclas: aproximadamente 40.000. Estas microscópicas teclas son las células de la audición, y presentan en su parte apical un gran número de microvellosidades. Éstas reciben la onda sonora del líquido en el que se encuentran inmersas (endolinfa) y la transmiten, transformada, al nervio acústico. Las vibraciones sonoras que alcanzan las células del órgano de Corti no pasan a través de los nervios del oído, sino que provocan en ellos un impulso nervioso que es transmitido a las neuronas auditivas de la corteza cerebral y percibido como sonido.