domingo, 13 de enero de 2013

Teorías evolutivas: de Lamarck a Darwin



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La historia de la vida que se ha descrito y la idea de evolución que la sustenta son conquistas del pensamiento científico relativamente recientes. De hecho hasta principios del siglo pasado todos los científicos eran creacionistas convencidos: pensaban que la diversidad de los seres vivos era explicable mediante una serie de creaciones divinas sucesivas.

La primera auténtica teoría de la evolución fue formulada por el naturalista francés Jean-Baptiste de Lamarck (1744-1829) y se basaba en dos principios: el de la utilización y la no utilización y el de la herencia de caracteres no adquiridos.

Según el primer principio, el medio en el que el animal vive estimula la utilización y la no utilización de los distintos órganos y en consecuencia produce variaciones en los organismos: si un órgano es utilizado se desarrolla, mientras que si no lo es se atrofia, pudiendo, en casos extremos, llegar a desaparecer. De este forma se produce la adaptación evolutiva de los animales al medio en el que viven.

El ejemplo más citado de Lamarck es el de la jirafa. Ésta, acostumbrada desde tiempos inmemoriales a alimentarse de las hojas de los árboles, tiene un cuello muy desarrollado gracias al cual puede alcanzar el alimento. El ejemplo contrario lo representan los pequeños animales que habitan las cuevas muy oscuras: no tienen ojos, puesto que los órganos visuales son inservibles en el ambiente en el que viven (en compensación poseen notablemente desarrollados los sentidos del tacto y del olfato).

El segundo principio afirma que los cambios acontecidos a causa de la utilización y no utilización se manifestarán, tras muchas generaciones, no ya por reacción al ambiente sino porque la transformación se habrá hecho hereditaria.

La teoría de Lamarck fue rebatida por las máximas autoridades científicas de la época y en consecuencia desestimada. Años de continuas investigaciones no proporcionaron pruebas a favor de la herencia de los caracteres adquiridos; aun así, Lamarck tiene el mérito de haber sido de los primeros en propugnar la idea de la evolución. Pocos años después Charles R. Darwin (1809-1882), naturalista británico, formuló otra teoría evolutiva cuyos principios siguen siendo válidos hoy en día. La publicación en 1859 de la obra El origen de las especies, en la que expuso sus ideas, provocó una auténtica revolución en el mundo científico.

Darwin partía de la misma hipótesis biológica de la evolución de Lamarck. Es decir sostenía que existía un proceso continuo de evolución de los seres vivos. Recopiló muchas pruebas que apoyaban sus ideas, pero sobre todo fue capaz de explicar de qué forma sucedía aquel proceso.